Lo que hice por amor…

Dicen que no hay fecha que no se llegue, ni plazo que no se cumpla, y este fin de semana, cerramos el cuarto y penúltimo cuatrimestre de la Maestría en Relaciones Públicas, una etapa que para mí ha sido muy enriquecedora, pero que este último periodo se volvió en demasía pesado, ahora sí que ser estudiante, godín, defeñofrancorrincoleonés, amigo, hermano, padre y madre a la vez, no está fácil.

Pensé bastante sobre qué escribir en esta última entrada en el blog y decidí abrir mi corazón, y agradecer a quien debe ser por sus enseñanzas y cariño, tuve tres profesores muy buenos que sin duda dejan aprendizaje no sólo para la academia y para la profesionalización de la comunicación y las relaciones públicas, sino que dejan un buen sabor de boca para la vida.

Así de sincero, también puedo decir que no aprendí sobre marketing digital, o sobre metodología para hacer un estado de la cuestión, o tampoco sobre cómo realizar un manual de protocolo, porque esas cosas como dice Anthony Giddens, ya las sabemos, sólo vamos a la escuela a ponerle nombre y apellido a las cosas.

Este cuatrimestre aprendí algo que se llama RESILIENCIA, y la resiliencia es la capacidad que tienen los metales, para adaptarse al cambio y seguir siendo en esencia el mismo material, pero con modificaciones, y eso es lo que sucede hoy en mi vida, en mi aprendizaje, en mi trabajo y en mi corazón, porque aprendí que no voy a la maestría a hacer amigos, no voy a reírme porque un compañero no sepa lo que es una cookie en el argot digital, o por las muletillas de algún otro, voy a estudiar para ser mejor yo mismo, para nutrir el conocimiento, pero sobretodo el espíritu y esas cosas son las que realmente hacemos por amor.

Hubo un momento en la maestría que llegué a pensar que la hipocresía era parte del hilo conductor de las Relaciones Públicas, y que caerle bien a todo el mundo era posible, pero conforme vas creciendo en la vida y hacia el interior, puedes darte cuenta de que la vida tiene una escala de grises INMENSA, y que definitivamente la hipocresía no es un valor de las relaciones públicas, debería haber una herramienta de escucha activa o de listening para atender a lo que nos dice pero el corazón, porque estoy convencido de que cuando las cosas nos vibran en el corazón, es cuando ponemos y logramos hacer match real con el sentido de la vida.

Una profesora que quiero mucho y que además admiro bastante, Lidia Almanza, una vez me dijo que las cosas, proyectos y personas que nos hacen vibrar el corazón, son las que realmente merecen la pena y sin duda seguir estudiando y no tirar la toalla, para mí merece todas ganas seguir adelante con la misión firme de profesionalizar la comunicación y las relaciones públicas en nuestra comunidad.